La obra, con prólogo de José Luís Rodríguez Zapatero, se repartirá a políticos estatales y autonómicos, así como a los ayuntamientos y empresas más cercanos al municipio salmantino de Trabanca -un pequeño pueblo de 270 habitantes, de donde al parecer ha partido la iniciativa financiada por la Unión Europea ¡¿?!- y a los hombres elegidos por las propias retratadas.
En definitiva, una gilipollez como la copa de un pino que a saber lo que cuesta y cuya utilidad de cara a la lucha por la igualdad de las mujeres será nula.
Lo triste es que mientras nuestras parlamentarias se aplican a tales majaderías, miran hacia otro lado -cuando no consienten- que en nuestro país miles de mujeres no sean libres ni mucho menos iguales en nombre a una religión que les es impuesta.
Y que los culpables de esta situación, aquellos a los que habría que gritarles: “Te lo diré mil veces... ¡tu mujer, tus hijas, tus vecinas, son tan iguales como tú, estúpido!” se pasen nuestro estado de derecho por su creyente entrepierna y sigan condenando a sus mujeres -que también son las nuestras- a la sumisión mientras piden respetabilidad.
Con el beneplácito además de la clase política y en nombre de una tolerancia que jamás es retroactiva.
Una de dos, o nuestras parlamentarias consideran que las mujeres musulmanas están excluídas del derecho a la igualdad, o defienden someter el estado de derecho, al menos en este punto, a preceptos religiosos premedievales.
Eso sí, queda muy “cool” salir el la foto de un libro que no leerá nadie.
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