El sentido del voto

El domingo 28 de noviembre tenemos elecciones en Catalunya. Pues bien, crean que a fecha de hoy sigo sin saber a quien votaré, o si lo haré siquiera.

Tengo muy claro que no quiero tripartito. Los pactos entre perdedores tendrán toda la legitimidad que se les quiera dar, pero la experiencia demuestra que son garantía de gobiernos desastrosos. Es casi imposible conjuntar sensibilidades y ambiciones tan dispares como las que representan PSC, Esquerra e ICV, contentarlos otorgándoles todo el poder que reclaman para sí –en ocasiones desmesurado para los votos que representan- y lograr que se pongan de acuerdo en las políticas de gobierno. El resultado es una olla de grillos en la que todos intentan meter baza pero en la que, a la postre, cual acaba tirando para su lado.

Mi problema es que, descartada esta opción ¿con qué me encuentro?

Tengo muy claro que en mi vida votaré a las políticas de extrema derecha de Ciutadans, Plataforma x Catalunya o el PP. En el otro extremo, opciones pijo- soberanistas como las que representan Laporta o Carretero -no me pregunten por el nombre de sus partidos- también me resbalan bastante.

¿Convergencia?

Convergència i Unió serán los grandes ganadores de estas elecciones. Amén de su masa electoral, van a captar mucho apoyo en las urnas de descontentos de PSC y Esquerra. Espero que ganen y lo hagan con autoridad, pues la izquierda necesita una travesía en el desierto alejada del poder para regenerarse. Eo sí, con mi voto que no cuenten.

Difícil panorama ¿no les parece?

Aun así, el domingo quizá me acerque por el colegio electoral. Nunca cabe descartar que sufra un impulso de última hora, descubra unas siglas divertidas o haga el paripé para demostrar a mi hija que, pese a todo, votar es la gran fiesta de la democracia. Tiempo tendrá para desengañarse de la política. O no, si es muy cándida o, por el contrario, logra vivir –y chupar- de ella.

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