Apagón analógico

Hoy cesan las emisiones analógicas en la zona del Maresme (Barcelona) lo que, llevado a la práctica, significa que quien no haya invertido un puto euro en arreglar la antena y comprar unos aparatejos que se escoñan cada dos por tres, a partir de mañana será un poco más feliz.

Yo, por desgracia, no me encuentro entre ese puñado de sabios. He cedido ante el peligro real de un apagón familiar. Ahora, mientras descubro resignado que los mandos a distancia se han duplicado en casa –dos por aparato- trato de de asimilar que mis televisores se poblarán de extraños canales cuya mera existencia me la suda. Y es que si los beneficios de la nueva oferta televisiva se limitan a programas de un casposo que asusta, a seudoconcursos presentados por trileros o fulanas(*), y a refritos varios del tiempo de Matusalén, apañados vamos.

Animo a cualquiera de ustedes para que me descubra una, tan solo una ventaja de la Televisión Terrestre Digital. Y no me hablen del futuro. La tan cacareada televisión interactiva, crean que será infinitamente peor.

(*) Con todo respeto y cariño para las fulanas de oficio.

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