La ablación

La única vez que he pisado un quirófano entré para que me arreglaran una hernia en el ombligo y casi me cortan polla, en una orgía de sangre que hubiera repugnado al más firme seguidor del cine gore. Con tales antecedentes, entenderán mi estupor cuando, hará cosa de un mes, el médico me recomendó que me hiciera una ablación.

Y es que, en la confusión inicial, no podía entender en qué puede beneficiar a mis arritmias cardíacas que me rebanen los cojones, ya que de clítoris no gasto. Pues bien, sepan que el término "ablación" es mucho más amplio y abarca una parte de la ciencia médica; Claro que lo que me dijo el doctor, traducido para ustedes en un lenguaje llano y alejado de la jerga médica- tampoco daba pie para la tranquilidad.
“La cosa es fácil: se le mete a usted un tubo por la femoral, se le sube hasta el corazón y una vez ahí identificamos y quemamos las células”

Lo peor del caso es que la decisión de intervenirme es exclusivamente mía ya que este remedio no garantiza la curación al 100% -es efectivo al 70%- y además existe tratamiento alternativo a base de tomar, eso sí, pastillas toda la vida y con una efectividad muy inferior.

Huelga decir que a partir de ese momento, tal dilema –operarme o no- me ha obsesionado

Por una parte, mis arritmias son del tipo “benigno”, pueden estar años sin manifestarse –aunque también son capaces de desatarse dos veces en un mes- y, cuando emergen –el corazón deja de tener un ritmo regular y late desacompasado- siempre me las han controlado sin problemas. Ni he precisado medicación ni este problema me ha supuesto un impedimento físico.

Por otra, los fármacos pueden tener efectos secundarios a medio plazo. Y a medio plazo también las arritmias pueden predisponer a problemas mucho más graves. (Piensen que “a medio plazo” es un término horrible en su indefinición y que, para una persona que el próximo viernes cumplirá 47 años, dibuja un futuro cada vez más cercano)
Así que he decidido que me intervengan.

La cosa será en septiembre, a vuelta de vacaciones. y la afronto con garantías. Mi equipo médico tiene fama mundial y aseguran que, en el peor de los casos, me quedaría igual que estoy. Por lo demás, no es una operación a corazón abierto ni nada por el estilo. Tan siquiera me dormirán y en uno o dos días volveré a estar en casa.

Ya les informaré. Entretanto, espero recuperar el ritmo habitual de este blog ya que este último mes, cuando no he estado comiéndome la cabeza, he preferido divertirme con mi gente a perder horas ante la pantalla de un ordenador.

Craso error, ya que ustedes son también mi gente.

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