Liberalismo solidario

El liberalismo, esa doctrina que promulga que son las empresas y no los gobiernos quienes deben regular los mercados, no sólo se manifiesta en el terreno económico o politico, sino que tiene su máxima expresión en el negocio solidario. Solo bajo la perspectiva de un liberalismo feroz se entiende que un país como España cuente con más de 10.000 ONGs.

El liberalismo solidario, al igual que el económico, se rige tambien por la doble moral. Esto es, reniega someterse a lo público pero exige sus subvenciones. Apela al derecho fundamental de desarrollarse en el mercado por el mero hecho de que este es libre, sin que importe que sus productos o servicios estén ya cubiertos. Pero sobre todo, el liberalismo, solidario o económico, no tiene problema alguno en renegar de sus propios postulados cuando la situación lo exige.

En el terreno económico, aun padecemos la sangria que ha supuesto para los gobiernos evitar la quiebra del sistema financiero. Miles de millones de dinero público invertidos en tratar de arreglar los desaguisados de un puñado de irresponsables que difícilmente pagarán por sus fechorías.

En el ámbito solidario, sirva como ejemplo la gracieta de unos patricios irresponsables que, con la excusa de la solidaridad, habían montado un circo a su medida, mezcla de Paris Dakar y vacaciones en el mar. Una aventurilla para solidarios de perfil alto financiada por una enorme cantidad de empresas privadas de esas habituadas a pagar favores con favores. En resumen, un viaje tan innecesario como peligroso y que, tras el descalabro del secuestro, nos ha supuesto el desembolso de una cantidad cercana a los ocho millones de euros. Dinero que, para más INRI, se empleará en financiar nuevos secuestros y atentados.

Cualquiera que siga esta bitácora sabrá que, ante la disyuntiva de ejecución o rescate, siempre he sido partidario de lo segundo. Pero ello no significa que el Estado renuncie a recuperar la inversión, si se demuestra que –como creo que es el caso- hubo negligencia manifiesta en las causas que originaron el conflicto.

Ya que una regulación estricta de las ONG, amparada por Naciones Unidas, me parece una verdadera utopía, me consolaría un poco que, de forma amistosa o legal, Barcelona Acció Solidaria devolviera el importe del rescate. Habida cuenta de la solvencia de algunos de sus patrocinadores, no deberían tener excesivos problemas para conseguir el dinero. Y les exigiría que, en lo sucesivo, en lugar de montar romerías, enviaran la ayuda por los cauces habituales.

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