Salir del armario

Aunque suelo informar sobre el periodo vacacional de esta bitácora, una fatal avería en mi PC días antes de marchar me ha impedido hacerlo este año. Una ocasión única para, una vez de vuelta a casa, romper con todo prejuicio y dar rienda suelta a un oculto deseo que tenía reprimido desde hace años: ¡Señor@s, amig@s, me he comprado un Mac!

Y aquí me tienen, más contento que Camps frente a una sastrería, ante la gigantesca pantalla desde la que les escribo. Lo cierto es que, fuera de este blog y de algunos escarceos por Internet, me encanta editar foto y vídeo, y aquí los chicos de la manzana marcan la diferencia, o eso dicen. Así lo espero, ya que los cuelgues asesinos de mi anterior portátil en plena faena creativa me hacían maldecir el día que se inventó el primer bit.

Por lo demás, acabo de regresar de Venecia, donde he pasado doce días maravillosos. Un viaje que pone fin a la trilogía italiana de los últimos años y de cuyas impresiones pienso informarles en un próximo artículo. Entretanto, reciban un afectuoso saludo.

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