martes, 28 de julio de 2009

Esperanza Aguirre o la espía que surgió del frío



¿Qué quieren que les diga? A mí los seres maquiavélicos me ponen. Me encanta seguirles la pista.

Esperanza Aguirre mira a largo plazo. Establece alianzas, las traiciona, muerde a la yugular de sus enemigos cuando lo considera oportuno y traza vendettas desde sus cuarteles de invierno en momentos que toca cerrar la boca.

Es un personaje digno de otro siglo, de aquella época de nobles conspiradores, reyes perversos y curas tan ambiciosos como corruptibles. Como ahora, vamos, con la diferencia de que en aquellos tiempos esta clase de personajes, tras lamer el poder, solían acabar con la testa separada de los hombros.

Dudo que a Esperanza le corten la cabeza. O triunfa en su carrera hacia el poder o se resigna al dulce retiro en alguna megacorporación. Poco riesgo para quien, intuyo, debe estar pasándoselo en grande viendo como aquellos que evitaron que fulminara a Rajoy en su pugna por el poder en el PP, pasan ahora en fila india por el banquillo de los acusados.

¿Casualidad?

Eso sí, Esperanza no es perfecta. Quizá le traiciona una rama de su linaje, la Gil de Biedma, la catalana. Solo desde la tacañería se explica lo chapuza de su red de espías. A Florentino no le hubiera pasado.

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