Cristiano Ronaldo o la piel del oso

Todos los informativos televisados estatales han cortado su programación para conectar en directo con la presentación de Cristiano Ronaldo como jugador del Real Madrid.

Acojonante, de verdad. Milá, Gabilondo, Piqueras… han dejado en el limbo informativo a los griposos de Argentina, a los golpistas hondureños o a los trajes de Camps para dar paso a la información que realmente importa a todo buen español. La puesta de blanco –nunca mejor dicho- de un mercenario de lujo pagado a golpe de especulación.
Pero ¿A quien importa eso? Solo a algún resentido. La realidad estaba en antena. Todos los periodistas que cubrían la información en el Santiago Bernabeu, fueran de la cadena que fueran, lucían un brillo especial en los ojos. Los de Antena 3 estaban en éxtasis, a la de Cuatro le chorreaba y el de Telecinco dicen que se ha manchado en directo.
¿Saben una cosa? Los madrilistas son los únicos hinchas de fútbol que celebran más el dinero que se gastan que los trofeos que ganan. Como quien prefiere mirarse la polla antes que disfrutar follando.

Sirva como descargo que tales sentimientos son abducidos con abrumadora insistencia por una prensa deportiva estatal tan cargada de casposo provincianismo que, alejada de su cometido – trabajan para toda España- actúa, por vocación o interés, como un grupo de radicales hooligans merengues, cuando no como agentes -¿lameculos?- de su presidente.

En fin, no le deseo más suerte a Cristiano Ronaldo que la que ya ha vendido a precio de oro. Recordando, eso sí, que el dinero no siempre hace la felicidad, reitero para los más olvidadizos que la única realidad futbolística del 2009, duela a quien duela, es esta:

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