jueves, 29 de enero de 2009

El ciclo del ave fénix

Hola de nuevo a todas y todos. Ante esta espera tan larga como injustificada, creo que lo menos que merecen es una explicación.

Los que me conocen saben que suelo nadar a contracorriente. Sin embargo, esta dudosa cualidad nunca se ha puesto tan de manifiesto como ahora. Y es que mientras el mundo navega sobre una ola de crisis y catastrofismo, estoy pasando una de las etapas más felices de mi vida. Tanto que, cuando miro atrás, no puedo evitar el vértigo. Les cuento.

Hace poco más de dos meses y por culpa de las malditas arritmias me sentía un desecho terminal. La situación en verdad era difícil, incluso para un antidepresivo como yo. Y es que a una enfermedad que llegué a creer crónica se sumó una situación laboral muy preocupante, cuya fragilidad afectó incluso a la economía familiar.

Sin embargo, la vida puede cambiarte en 15 días.

Seguro que la total recuperación de mi dolencia me dio bríos renovados y además, por una vez los hados se aliaron conmigo. El caso es que en menos de un mes mis tensiones financieras desaparecieron de un plumazo –sin prostituirme ni atracar a nadie- y además había logrado cambiar –mejorando- de trabajo. Todo un hito esto último para un tipo de 47 tacos en estos tiempos de destrucción de empleo.

Les decía más arriba que nunca he sido sensible a la depresión. Es cierto. Soy la mala hierba y tengo la capacidad del Ave Fénix para renacer una y otra vez de mis cenizas. Pero reinventarse de nuevo, aunque sea para bien, deja cicatrices. Y exige renuncias. La más dolorosa ha sido mi blog. Ahora que vuelvo a estar integrado en una gran compañía todos mis esfuerzos y la mayoría de mi tiempo están dedicados a mi nueva actividad. Como debe SER.

No les voy a decir que cierro este blog. Me da demasiada pena. Pero de momento no puedo exigirme su actualización a un ritmo regular. Por tanto, no me despido de nadie y dejo en manos del destino saber buscar tiempo para dedicarme a él.

Agradezco de todo corazón su interés a todas y todos aquellos que han expresado su preocupación por mí persona en estos días. Para ellos y para el resto de amigos un beso, un abrazo, o ambas cosas, según gusten y siempre en la cantidad que deseen.

PD ¿Han adivinado en qué empresa trabajo? En el post aparece clarísimo pero quiero que lo descubran, je, je…

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