lunes, 3 de noviembre de 2008

El fin de la agonía. (la ablación II)

En el día de hoy, a las 5 de la tarde y si el tiempo no lo impide, quien esto suscribe volverá a estirarse en el quirófano, para ser sometido a una nueva ablación.

.Durante este último mes y medio no he sido muy sincero con ustedes. Ahora les puedo confesar que tras la operación, las arritimas, lejos de remitir, se han reproducido de forma brutal. En estos 45 días habré padecido unas 20, cuando antes de la intervención mi media era de 2 o 3 al año.

Ha sido un mes y medio de trastornos, de buscar a alguien que cuidara a la peque a las 4 y media de la mañana mientras mi mujer y yo salíamos pitando al hospital, a veces en ambulancia. Tiempo de anular citas hasta casi atreverme a salir, de trabajar un día sí y dos no, y sobre todo de vivir con la angustia de no saber si esta mierda de vida era el futuro que me esperaba.

Lo jodido es que decidí someterme a la primera intervención por propia voluntad, consciente de que el índice de éxito era del 70% pero con la seguridad de que si las arritmias no remitían, no quedaría peor de lo que estaba.

Por eso no entendía nada.

Pues bien, tras someterme a diferentes pruebas, el increíble resultado es que LA OPERACIÓN FUE UN ÉXITO.

Ocurre que las arritmias que ahora padezco nada tienen que ver con la intervención. Proceden de la zona ventricular –las anteriores eran auriculares- se manifiestan de forma distinta –son más taquicardias que arritmias- y requieren otro tratamiento.
La buena noticia es que son mucho más sencillas de erradicar. La intervención dura unos 20 minutos y los médicos garantizan el éxito al 100%.

Con la esperanza olvidarme de una puta vez de este calvario, el martes día 4, o el 5 a lo sumo espero estar de nuevo con ustedes. No pueden imaginar la compañía que me han hecho durante este mes y medio. Un calor que ha compensado con creces que a veces no pudiera responder a tiempo a sus comentarios o que tuviera que dejar alguna entrada a medias para echar a correr al cardiólogo. Y disculpen que durante este tiempo haya evitado darles la brasa con tan engorroso asunto. “El siglo de las luces” no se creó para contar mis penas sino para reírnos un poco de la vida, alzándonos sobre sus miserias. Y a fe mía que así seguirá siendo.

Nos vemos. Besos y abrazos a todas y todos. Que cada cual escoja lo que prefiera.

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