martes, 14 de octubre de 2008

A veces veo catalanes. El drama personal de Carmelo González

El militante de Ciutadans Carmelo González, quien en 2006 llegó a mantener una breve huelga de hambre para exigir la educación en castellano de sus hijos, podría perder la custodia de éstos en base a una demanda de divorcio presentada por su esposa.

El motivo aducido, según recoge Libertad Digital quien a su vez cita a El Mundo, es la obsesión de Carmelo por todo lo que tenga que ver con el catalán, una fobia que podría plantearle problemas a la hora de cuidar de sus dos hijos.

Siempre según el testimonio de la cónyuge, - pueden leer extractos curiosísimos aquí- la cruzada de Carmelo contra la política lingüística de la Generalitat va más allá del plano académico. Así “no permite a sus propios hijos relacionarse con ninguna persona o amigo que hable en catalán”.

Una decisión que no plantearía mayores complicaciones si Carmelo y su prole vivieran en Helsinki o en Ulan Bator ya que, aunque en cualquier parte del mundo es fácil encontrar a un vendedor de paños de Sabadell, la proporción de catalanoparlantes de Mongolia seguro que es sensiblemente inferior a la de Sitges, ese bello pueblo de la costa catalana en el que habita Carmelo.

Y obligar a tus hijos, que viven, juegan y estudian en Catalunya -de hecho diría, a riesgo de enfadar a Don Carmelo, que son catalanes- a relacionarse sólo con quien no hable catalán, puede plantear problemas. En Sitges más.

Pobre Carmelo. Lo imagino cada vez más sólo, rodeado de supuestos enemigos e incomprendido tanto por sus semejantes -se presentó a alcalde de Sitges en las últimas elecciones municipales sin que su lista obtuviera ningún representante- como por su familia. Incluso su amada patria le da la espalda.

Porque mientras Carmelo lucha desde dentro para hacer valer la españolidad exclusiva y excluyente de Catalunya, hasta un presentador de la televisión estatal torpedea su cruzada al calificar la victoria en liga del Barça sobre el Atlétic y el empate del Espanyol en el Bernabeu como “un mal día para los equipos españoles”.

En fin, una cosa es segura. Carmelo González no ahogará sus penas con cava del Penedès, pese a vivir a cuatro pasos de esa región vitivinícola. Según la demanda de divorcio presentada por su esposa, Carmelo "practica un «boicot permanente al cava catalán y a todos los productos fabricados o producidos en Cataluña o etiquetados en catalán".

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