Sin ti no soy nada

MondragonMm52x68G.jpgFracasa la moción de censura contra la alcaldesa de Arrasate, promovida por el Partido Nacionalista Vasco y el Partido Socialista de Euskadi, al no contar con los apoyos de Ezker Batúa y el Partido Popular.

Un partido político no delinque, lo hacen las personas y es a ellas a las que hay que perseguir. Por eso no he entendido nunca la ilegalización de la izquerda abertzale. Pero una cosa es defender la presencia de estas formaciones en las instituciones y otra bien diferente eximirles de la responsabilidad política de sus actos.

Por tanto, veo lógico, incluso necesario, que el resto de partidos intente desalojar del poder mediante fórmulas institucionales como la moción de censura a quien que no condena la violencia. Forma parte del juego democrático.

Sin embargo, el espectáculo vivido ayer en Mondragón pone de manifiesto una vez más la incoherencia de nuestra clase política.

En estos momentos Ezker Batúa, filial de un partido en descomposición como es Izquierda Unida, sólo representa a sus propios intereses, que no pasan tanto por sequir los postulados de su dirección federal como por salvar el culo. Sacando tajada, incluso. Y es que su apoyo a ANV hay que entenderlo en una doble vertiente. Por un lado es una forma de comprar seguridad física para sus miembros. Por otro abre la posibilidad de captar voto abertzale, ante la previsible ilegalización de ANV y PCTV. Cobardía y oportunismo, en definitiva.

Mucho más sorprendente ha sido la decisión del PP de abstenerse en la moción de censura. Un acto en principio contradictorio con la esencia de este partido, pero coherente con la actitud que los populares han manifestado cada vez que les ha tocado enfrentarse a la disyuntiva entre consenso y ETA.

Se quedan con ETA, tal cual hicieron al torpedear el proceso de paz, como si sus verdaderos enemigos, en vez de los recurrentes terroristas -de quienes tiraron sin el menor pudor para tapar sus vergüenzas en el 11M- fueran socialistas y nacionalistas.

De esta forma, el PP se alinea con EB, EA -otros que esperan recoger el voto abertzale- y aquellos que justifican los asesinatos. Curiosa combinación que debería hacer reflexionar sobre la calidad de sus compañeros de viaje tanto a los violentos como a los votantes del Partido Popular.

En fin, parafraseando a Amaral, no sé si sin ETA el PP no sería nada. Pero algo muy diferente y menos dañino que el partido que conocemos, sí.

Y ETA, frente a una clase política más coherente, es posible que hoy día fuera ya otra cosa. Quizá nada, quizá un recuerdo integrado en un partido político legal.
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