¿Como pude hacer algo así?

Fue una noche de vino y rosas de la que apenas recuerdo nada. Solo los espasmos que, en forma de fugaces flashes, interrumpían mi modorra en el avión de regreso a casa.

La macabra imagen se repetía y me provocaba sudores fríos. Quizá fueran delirios, pero sospechaba que aquellas pesadillas tenían un origen concreto y, por desgracia, muy real.

No he contado nada a mi familia. Tampoco me hubieran creído: “¿Tú? ¡Ni borracho!”

Yo mismo he llegado a albergar dudas. Pero acabo de recibir la funesta llamada. Todo es real, tienen la prueba y tan sólo me resta esperar la llegada del correo electrónico.

¡Cabrones! ¿Y vosotros os llamáis compañeros?

Por suerte, el único testimonio de mi culpa es gráfico. No hay copia de la conversación. Nadie más que yo sabrá que´la charla fue cordial y animada y que en ella, piensen ustedes lo que piensen, defendí con honestidad y sin prejuicios mis principios y colores.

Claro que entiendo que les cueste creerme cuando me vean posando, en ufana y castiza pose, junto a Ramón Calderón.

Si alguna vez esta imagen sale a la luz pública, claro.

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