El Victimarketing

diez_san_gil_bronca.jpg¿Iría usted a la universidad de Jerusalén a hacer campaña nazi? ¿Se metería en “la ostra azul” para insultar a los homosexuales? ¿Tendría cuajo de plantarse frente al Bernabeu para disertar a voz en grito sobre la nulidad del real Madrid frente a la arrolladora superioridad deportiva y moral del Barça?

En un mundo ideal, sí. Los estudiantes hebreos rebatirían con educación sus argumentos, los mostachudos muchachos del “gay power” intentarían hacerle comprender con sutiles palabras su realidad como colectivo y los chicos del Ultra Sur entablarían con usted un respetuoso debate sobre los méritos de ambos equipos.

En un mundo real, lo más probable es que acabara usted ahostiado, lapidado y, casi con toda seguridad, sodomizado. Claro que si se hace acompañar de una legión de periodistas que den fe de sus desventuras, así como de un nutrido grupo de guardaespaldas que protejan su integridad, amén de salir ileso, conseguirá fama o, lo que es lo mismo, una valiosa publicidad gratuita.

El Victimarketing se está convirtiendo en un recurso electoral cada vez más utilizado por aquellos partidos que desean lavar su imagen de intolerancia -ganada en muchos casos a pulso- provocando a pequeños colectivos -periféricos al acto en cuestión- y culpando de su reacción, tan visceral como infantil, a la globalidad de sus adversarios.

Ciutadans -perdón, Ciudadanos- abrió esa vía de publicidad a la que no tardó en sumarse el PP -vean este antiguo post- y que acaba de usar con éxito la U Pedé de Rosa Díez. Lean aquí el despreciable uso que algunos aprendices de Losantos llegan a dar de este asunto.

Por tanto, ni condeno a los increpadores no violentos -aunque deberían plantearse cuan pardillos son- ni me solidarizo con los políticos que deciden hacer del victimarketing un recurso electoral.

PD: La foto, que no se me olvide, la encontré en casa de Don Ricardo
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