El bucle de Oriente Medio

benazir buto.jpgTras el 11-S, Estados Unidos se embarca en una guerra que les llevará a invadir Afganistán e Irak y cuya excusa, una vez desveladas las mentiras sobre armas de destrucción masiva, se justifica en combatir al terrorismo islamista y llevar la democracia a esa parte del planeta.

Para combatir el terrorismo y llevar la democracia a Irak o Afganistán, Estados Unidos no duda en apoyar a dictaduras como Pakistán o Arabia Saudí, quienes a su vez justifican su impopular sometimiento a Estados Unidos apoyando a los sectores islamistas más radicales de sus propios países –Pakistán- o de terceros –Arabia Saudí- con el dinero que generosamente reciben de los yanquis.

Los islamistas más radicales, financiados en parte por Pakistán o Arabia Saudí con el dinero que estos países reciben de Estados Unidos por ayudarles a combatir el terrorismo islámico, utilizan sus recursos para perpetrar atentados terroristas, mantener la resistencia a Estados Unidos en Irak o Afganistán y difundir el mensaje yihaidista en todo el mundo musulmán.

Por último, los muertos que los islamistas provocan en Irak o Afganistán justifican a Estados Unidos mantener la guerra en estos países y asignar aún más recursos a aliados como Pakistán cuya lealtad cada vez cuesta más asegurar debido a que su presidente es cada vez más dictador y su población aún más integrista.

Estados Unidos ha engendrado una bestia que, creada como una pantalla para amagar sus verdaderos intereses en la zona -los cuales poco tienen que ver con la democracia o el islamismo- se retroalimenta ahora en base a sus propias contradicciones y corre el riesgo de escapar a todo control.

El asesinato de Benazir Bhutto, poco importa si ordenado por un dictador o un muyaidín, es la mejor prueba de ello.

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