Alegrías compartidas

alcaraz.jpgFrancisco José Alcaraz, tras declarar ante un juez por un delito de injurias, ha manifestado a los medios que hoy el Gobierno "estará compartiendo alegrías con los terroristas, los separatistas y el brazo político de ETA”.

Tiene Francisco José Alcaraz una singular forma de hablar. Su tono es aflautado, frágil y su recitado parecería monótono si no se adornara por unas salpicaduras, en forma de notas tanto graves como agudas, que parecen dispararse más allá de su control. Al oído, el resultado recuerda a una mezcla imposible entre las voces de Francisco Franco y de BIbi Andersen. Pueden escucharlo aquí.

Una voz fina como un cuchillo, que imagino llegó a martirizar a los clientes de su peluquería, aquellos que prestaban la testa a Alcaraz para que, mientras los torturaba con los males de España, les marcara, lavara y cortara la cabellera. Y es que si hay algo más insufrible que un taxista dicharachero es un peluquero charlatán.

Hoy Francisco Javier Alcaraz ha declarado como imputado y no lo ha hecho por sus habilidades con la tijera sino precisamente por su boquita de piñón. ¡Cómo larga Francisco José!

Empieza hablando de víctimas y de asesinos, que es lo suyo; pero en cuanto se le calienta la lengua desboca el verbo y, ya con el falsete disparado, mezcla en su paladar a Gobierno y separatistas, para escupir tras rumiar la mezcla que todos, incluidos usted, yo o cualquiera que no simpatice con la extrema derecha, somos terroristas.

Pues bien, uno, que no es terrorista, ni separatista, ni mucho menos gobierno, se alegra también de que enjuicien a este hombre, al igual que saluda la denuncia contra Pío Moa. Y es que la libertad de expresión no debería ser usada para apoyar a golpistas ni para acusar con voz de pito a millones de ciudadanos de simpatizar con el terrorismo.
O sí, asumiendo las consecuencias cuando se vulnera la ley.

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