La sangre de los mártires

beatos.jpgEl Vaticano culmina el proceso de beatificación de 498 sacerdotes asesinados durante la guerra civil española.

¿Saben qué es lo que más me enerva de todo esto? Que estos tipos cuya figura ahora se venera ya fueron honrados durante 40 años, sus nombres ensalzados, sus familias compensadas tanto en lo moral como en lo económico -con bienes en muchos casos expropiados de forma ilegal a los perdedores- y, sobre todo VENGADOS.

El franquismo limpió el honor de sus víctimas con sangre. Por cada uno de esos beatos muertos el dictador asesinó a centenares de inocentes en una brutal represalia que se extendió más allá de acabada la guerra civil.

Muchos de los que ayer congregó Roma son herederos directos de ese expolio y esa venganza. Personas que vivieron el plácido franquismo que tanto añora Mayor Oreja, enchufados en su organismo oficial o haciendo chanchullos bajo la sombra del régimen, mientras señalaban sin el menor asomo de caridad cristiana a cuales de sus vecinos había que fusilar.
Por desquite, por envidia o por negocios.

Que setenta años más tarde sus descendientes se atrevan a pedir veneración por sus muertos y amnesia para el resto es, cuando menos, inmoral.
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