El espejo (un cuento con parábola)

Un muchacho mata a un indigente porque en su visión del mundo sobran los mendigos, los yonquis, las mariconas y los putos inmigrantes. En su imaginario tal gentuza no tiene cabida entre la gente decente. Por culpa de esta acción acaba en la cárcel, rodeado de una legión de mendigos, yonquis, inmigrantes y mariconas a los que ya no puede matar porque, aunque gentuza, son demasiados.

Cuando concluye su pena, se da cuenta de que ahora es él quien no tiene cabida entre la gente decente. “¿Darle trabajo a un tipo “enchironado”, a un asesino? Seguro que se pincha, no hay más que ver esos tatuajes. Además, si ya te han dado por culo una vez... igual le ha cogido el gusto.”
Al final renuncia a dar explicaciones. Conoce demasiado bien a la gente decente y sabe que nunca le creerán.

Un día, mientras duerme acurrucado en un banco público, odiando al mundo y sin fuerzas ya para matar a nadie -las personas decentes son demasiadas- un muchacho en cuyo imaginario sobran los mendigos, los yonquis, las mariconas y los putos inmigrantes, vierte sobre él un bidón de gasolina y le prende fuego.

El asesino graba la escena en su móvil. Al visionarla, poco antes de ser detenido, ríe sin comprender que se está observando ante un espejo.

La noticia
Detenidos en Lucena 4 jóvenes entre 15 a 18 años por asesinar a un vecino quemándolo en su propia casa. Los muchachos, que ya le habían propinado varias palizas con anterioridad, grababan sus actos con un teléfono móvil
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