El atentado de Yemen o el riesgo de ser occidental

Tanto si usted apuesta por la alianza de civilizaciones como si es un convencido del choque de culturas, debería saber el terreno que pisa a la hora de conocer mundo. Y es que en buena parte del planeta ser occidental cada vez está peor visto.

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El Islamismo es el movimiento que mejor ha sabido canalizar ese odio a Occidente, pero no es el único. En otros puntos del globo un occidental es un valor seguro, excelente moneda de cambio para cualquier exigencia política o económica. Tampoco faltan países en los que un turista occidental es una atractiva hucha con piernas, alguien cuyo reloj, cartera, y cámara tiene mas valor que muchos meses de trabajo.

Quizá sea el precio a pagar por ocupar la pequeña parte próspera de un mundo tan desequilibrado pero, al margen de los motivos, conviene tener claro cual es nuestro rol.

Porque ustedes, como yo, somos occidentales.

Y créanme, poco importa que no lleguemos a fin de mes, que seamos más rojos que Mao, que colaboremos con cualquier ONG o que critiquemos a Bush con toda pasión. De cara a millones de personas somos capitalistas, explotadores y pro-yanquis.

El suicida que mató en Yemen a nuestros compatriotas preguntó antes al guía si los del grupo eran occidentales. Le importaba una mierda qué posición política defendían, sus simpatías por el pueblo árabe o su opinión sobre la guerra de Irak. Una vez confirmada la identidad, tomó su furgoneta llena de explosivos y la estampó contra el convoy


El atentado de Yemen es un nuevo éxito del fanatismo. Pero que nadie crea que es un hecho puntual; ilustra a la perfección la clase de mundo a la que nos encaminamos.

Con todo mi cariño para los familiares y amigos de las víctimas.
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