Un hombre de verdad

Ayer, al escribir que podíamos encontrar actitudes xenófobas en personas de cualquier ideología, pensé que este hecho era aún más evidente cuando hablamos de sexismo. Acabo de recibir este texto por gentileza de “el grano”. Lean y juzguen. El debate está abierto.

“Hola, me llamo Imma y quiero un hombre de verdad. A mis 32 años ya me he cansado de esperar al príncipe azul y, una vez asumido eso, me doy cuenta de que los hombres de verdad ya no existen. Ahora, el hombre del siglo XXI es como nosotras, las mujeres, igualitos pero con pene.
De hecho, son peores. ¡Usan nuestras cremas, se depilan, tienen más ropa en el armario, van al club cuatro horas al día y son sensibles! Yo no quiero un hombre sensible, quiero un hombre que me abra la puerta del coche, me defienda si entra un ladrón en mi casa, sepa conducir y no llore viendo Los puentes de Madison. ¿Pero cómo encontrar a ese hombre?
Yo ya no distingo a los metrosexuales de los homosexuales o los heterosexuales. Antes era más fácil. Un hombre llevaba un pendiente y estaba claro, era gay. Ahora tienes que hacerle un test para descubrir de qué palo va. El último hombre con el que he ligado pasa más horas en la peluquería que yo, se pinta las uñas, se gasta un pastón en ropa de marca y es un narcisista de narices.
Pero lo peor viene a la hora de cenar. No se limita a limpiar los platos o recoger la mesa como haría cualquier hombre normal. No. Cada día, entra en mi cocina, lo ordena todo a su manera y decide por mí qué es lo que tengo que comer. Y no estoy hablando de unos
macarrones y un bistec a la plancha. ¡Qué va! Cocina cosas raras que no sabía ni que existían, como el tofu.
Pero el otro día pasó algo con lo que una no puede luchar. Le pedí que me ayudara a colgar un cuadro y resulta ¡que no sabía hacerlo! En aquel momento me di cuenta de que aquella relación no iba a llegar a ningún lado.
¿Pero que está pasando? Si un hombre ya no puede colgar un cuadro o cambiar una rueda del coche, ¿de qué narices te sirve? Para eso me voy a vivir con una amiga. Porque no nos engañemos, desde que existen esas cosas que vibran, ¿para qué necesitamos a un hombre si no puede ni montarte una mesa del Ikea? Es desesperante. Cuánto daño ha hecho David Beckam al mundo masculino en general. Yo sólo quiero un hombre de verdad, que vea el fútbol a la hora de cenar y me deje en paz.”


Inma Sust en “Metro” 5 de Diciembre de 2006 -edición nacional-.
(Los resaltados en negrita son míos)

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